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Parque Nacional de Santubong

Ayer a la noche conocí a Marine, una chica francesa de Limoges con la que conecté desde el minuto cero. Como las dos viajamos solas, decidimos ir al parque nacional de Santubong para intentar coronar la cumbre del monte que lleva el mismo nombre que el parque (810 metros).
Cogimos el Grab, la alternativa barata al taxi, y llegamos al parque a las 10:00.
Lo primero que hay que hacer al llegar, es registrarse. El registro ayuda a los guardas a llevar un control de la gente que ese día anda por los dos caminos que se pueden recorrer.


Marine y yo no teníamos dudas. Haríamos el más difícil, la ascensión al monte Santubong.
La víspera había llovido bastante, cosa que facilitó nuestra ascensión. Si bien es verdad que la humedad nos hacía sudar como dos cochinillas, sabíamos que de no haber llovido habría sido bastante peor.
Y el camino se presentó de lo más interesante desde el minuto zero. Cuerdas por doquier, escaleras de aluminio... Parecía una carrera de obstáculos, la ascensión a un muro. Sin duda, lo más vertical que he hecho en mi vida.


Y así, entre cuerda y cuerda, y escalera y escalera,  llegamos al punto F11 de la ascensión pensando que habíamos llegado a la cima. Eran las 12:50 y nos sentamos a echar un bocado antes de iniciar el descenso. 


Después de recuperar un poco de energía, decidimos emprender el descenso. Es preciso iniciarlo antes de las 15:00 para que no te pille la noche en el intento.
El descenso, al igual que la ascensión, fue de lo más entretenido. La concentración era absoluta ya que tenías que tener mucho cuidado en cada paso que dabas. Las raíces de los árboles, resbaladizas tras las lluvias caidas, dificultaban la progresión.
Al final necesitamos 6 horas para hacer 4 kilómetros! Me divertí como una enana. El recorrido fue simplemente perfecto. Eso sí, también fue lo más físico que he hecho en mi vida.
Al llegar abajo, el guarda nos preguntó extrañado si habíamos llegado a la cima. Al decirle que habíamos llegado al punto 11, nos dijo que esa no era la cima, que nos habíamos quedado a 50 metros. La verdad es que nos dio rabia enterarnos de que no habíamos alcanzado la cima pero disfrutamos muchísimo del camino.



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