Nos despertamos temprano con la intención de intentar caminar con la "fresca" (lo pongo entre comillas porque es un imposible en un país tropical). Preparamos las mochilas y fuimos al único restaurante que hay en Bako a desayunar. Tras pagar el desayuno, la chica que nos cobró nos comentó que era mejor que desayunaramos dentro del restaurante ya que afuera había macacos. Como vimos gente desayunando fuera tranquilamente y se estaba más fresquito que adentro, hicimos caso omiso a la recomendación de la chica y nos dispusimos a desayunar en la terraza. Al poco de empezar a comer, un mono cayó literalmente encima del plato de Marine. Marine pegó un grito enorme y yo también me asusté bastante. El plato cayó al suelo con toda la comida, a excepción de la que el mono consiguió robar.
Inmediatamente entramos dentro del restaurante todavía con el susto en el cuerpo.
Después del desayuno accidentado, nos dispusimos a efectuar el trail número 10. Hacía muchísima calor y no lo disfrutamos mucho. En este camino volvimos a encontrarnos con bastantes macacos. Empezaron a cruzar el camino por el que debíamos pasar. En este caso seguimos las recomendaciones que nos habían dado al pie de la letra: hablar más alto para que nos oyeran y no mirarles a los ojos. Fue un momento de tensión, sobre todo para Marine que todavía tenía el susto de la mañana fresco. Yo tuve que hacerme la valiente ya que era consciente de que ella jugaba con desventaja con respecto a mi.
Enlazamos el trail 10 con el 2 y volvimos a hacer el 3 con la idea de ver más monos narigudos. En esta ocasión tampoco hubo suerte.
Nuestro barco de vuelta salía a las 15:00. Antes de volver queríamos ducharnos y cambiarnos de ropa. De camino al albergue, nuestro boatman nos salió al paso para proponernos volver antes ya que era probable que más tarde la mar se revolviera.
Nos duchamos y empezamos a recoger nuestras cosas en el porche del albergue. Cuando estábamos terminando de recoger, vimos un macaco que venía directamente hacia nosotras. Primero estuvo enredando una bolsa mía con unos calcetines y después fue directamente a la mochila de Marine, dentro había guardado algo de fruta, y empezó a abrir la cremallera. Yo mientras había conseguido recuperar todas mis cosas y estaba a punto de encerrarme en el baño. La casualidad o causalidad, mejor dicho, quiso que en ese momento pasara por la zona un guarda del parque al que le pedimos ayuda. Cogió un palo y con él consiguió asustar al mono.
De nuevo con el susto en el cuerpo, cogimos la lancha que nos llevó de vuelta al embarcadero. Aquí, esperamos al bus que nos llevaría de vuelta a Kuching. Llegamos a Kuching agotadas.
Bako nos gustó básicamente por dos razones: porque el turismo está controlado y porque los animales de quatro patas son los que mandan. Esperemos que siga siendo así en el futuro.
2018(e)ko irailaren 23(a), igandea
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