2018(e)ko irailaren 17(a), astelehena

Día de transición

Mi vuelo hacia Kuching (capital del estado de Sarawak en Borneo) salía a las 08:45 por lo que ayer me tocó madrugar para poder llegar al aeropuerto a tiempo. Me desperté a las 05:30 y para las 06:00 ya estaba en camino. Lo bueno de las grandes urbes como KL es que hay múltiples opciones de transportes y que, en la mayoría de las ocasiones, se pueden conseguir billetes en el último momento.
El vuelo no sufrió ningún retraso y para las 11:00 ya estaba instalada en mi nuevo hostel, el Quiickcat. Es un sitio bastante original que tiene muchos dibujos de gatos en las paredes. De hecho Kuching quiere decir gato en malayo. Asi pues, Kuching es la capital mundial del gato. Se pueden encontrar docenas de ellos repartidos por toda la ciudad.


Después de darme una ducha me dirigi hacia el centro con la firme idea de comer en un restaurante indio. Como ya sabéis, me he convertido en una fan de esta comida. Los platos que como no son muy especiados,  lo justo para poder disfrutarlos sin verter ninguna lágrima ni tener que sonarse los mocos, aunque reconozco que en alguna ocasión lo he hecho.
El señor del restaurante, paquistaní de origen, no me quiso cobrar la comida. Según me explicó, es costumbre en su país invitar a los extranjeros a la primera comida como señal de hospitalidad. Por más que le insistí, no hubo manera. Salí del restaurante sintiéndome verdaderamente agradecida por toda la hospitalidad y las muestras de afecto que estoy recibiendo en este país.

La humedad en Kuching es mucho peor que en la Malasia peninsular. Después de venir de las tierras altas cuesta volver a tener que enfrentarse con el calor y la humedad. ¡Yo lo llevo fatal!
La ciudad de kuching se mueve alrededor del río Sarawak. Y al otro lado del río vi este monumento hacia el que decidí dirigirme pensando que se trataba de una de las innumerables mezquitas que hay en el país.


No veía ningún turista alrededor del supuesto monumento y había unas medidas de seguridad que no había visto hasta el momento. Incluida una especie de centralita en la que pregunté si se podía visitar la mezquita. El policía me contestó con una sonrisa tirando más bien a risa que se trataba de un edificio gubernamental y que, evidentemente,  no se podia visitar. Así es que me volví por dónde había venido.

Tras la mini visita de Kuching, volví hacia el hostel y me retiré a mis aposentos.

iruzkinik ez:

Argitaratu iruzkina

Malas noticias

Para quien me estuviera siguiendo por el blog, deciros que hace tres dias pise mi movil y que la pantalla esta rota. Cambiarla me cuesta ma...