2018(e)ko urriaren 3(a), asteazkena

El templo Pashupatinah


La noche pasada he vuelto a tener problemas para dormir. Justo debajo de la casa de huéspedes hay una carretera por la que circulan un montón de camiones. A las 5 de la mañana ya estaba despierta. He cogido el móvil y he decidido cambiar de alojamiento.
Peter, el estadounidense que conocí la víspera, y Maria, la asturiana, se han ofrecido a ayudarme con las mochilas.
El sitio al que me he movido se llama Un día blanco. Según me ha dicho la chica de la recepción, en su día estuvo gestionado por un español.  No me he movido muy lejos de donde estaba, solo unos metros, pero el lugar parece mucho más tranquilo.

He desayunado con Peter en un chiringuito nepali 100%. La señora no hablaba inglés y nos ha estado enseñando algo de nepali. Solo por interactuar con alguien tan auténtico ha merecido la pena desayunar en este lugar. He devorado el desayuno: roti con patatas y black tea. Llevaba prácticamente dos días sin comer y estaba hambrienta, señal inequívoca de mi recuperación.

Mi plan para hoy era visitar el templo hindú Pashupatinah a la mañana, comer y juntarme con Maria hacia las 14:00 para ir a un monasterio a ver una puya.
He cogido el bus local para ir al templo porque el sol caía ya a pedazos y no me apetecía tragar polvo. A Katmandu se le llama Dustmandu (dust=polvo en inglés) y realmente doy fe de que el nombre le viene a perlas.

A la entrada del templo he pagado 1000 rupias para poder visitarlo. Un señor me ha dicho que tenía que comprar el ticket, se lo ha pedido a la chica que vendía las entradas y después me ha dicho que le siguiera. He pensado que al ser la entrada bastante cara para los precios que se manejan en el país, sus servicios estarían incluidos en el precio. Cosa que tampoco me ha hecho mucha gracia ya que no me gusta tener a nadie que me guíe.

Pashupatinah es uno de los templos hinduistas más importantes del mundo. Se encuentra ubicado a orillas del río Bagmati, al este de Katmandu. Según los creyentes, el templo es la sede de la deidad nacional, Pashupatinah. Es también Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1979. Aunque el templo sobrevivió bastante bien a los terremotos del 2015, todavía hay partes que están reconstruyendo.

Interior del templo al que solo tienen acceso los hinduistas.

Al igual que en la India, aquí también se realizan cremaciones.

 Las vida a orillas del río es muy activa.


Los monumentos de arriba se llaman Lingam. En el interior se encuentra el fallo de Shiva y el yoni, símbolo de la diosa Shakti. Representan la fertilidad y cuando las parejas no pueden tener hijos, vienen a este lugar a hacer ofrendas para pedirlos.

Esto es lo que se ve en el interior del lingam.

El más alto es el templo que solo pueden visitar los hinduistas. Un cuerpo preparado para la cremación.

Sagradas para los hinduistas.

Ha llegado un momento en el que mi guía me ha dicho que sus servicios habían finalizado.  Al decirme esto me ha pedido pasta. Y entonces es cuando ya me he enfadado. Le he dicho que no me había dicho nada al engancharme en la entrada y que por ello había dado por echo que sus servicios estaban incluidos en el precio de la entrada. Estaba discutiendo con él cuando ha aparecido mi amigo Francisco. Sabía que también tenía idea de visitar el templo pero ha sido una auténtica casualidad el verlo entre tanta gente. Cuando he ido a darle algo de dinero al guía, me he dado cuenta que había dejado casi todo el dinero en la guest house. Al final, me ha dicho que no le diera nada.

He llegado tarde a la cita con Maria y no he podido ver la puya del monasterio. Me ha dado mucha rabia, la verdad.

A la tarde Francisco ha venido a buscarme y hemos ido juntos a la estupa para verla de noche. Dentro de la plaza nos hemos juntado con Peter, el estadounidense.
Los creyentes y algún que otro turista,  daban vueltas a la estupa, siempre en sentido de las agujas del reloj, y recitaban a su vez los mantras. Nos hemos puesto a imitarles hasta que nos hemos sentido algo mareados y hemos decidido sentarnos en el suelo a ver pasar la gente. Y así hemos estado un buen rato, en silencio, respirando el humo del incienso y la energía tan especial que desprende esta maravillosa estupa.

Había ido a Nepal con la única idea de hacer trekking pero de repente era como si aquello hubiera perdido interés para mi. Estaba descubriendo el espiritualismo propio de este país que no había conocido en mi anterior viaje y me estaba sintiendo muy atraída por él. Ideas como quedarme en algún monasterio o incluso estar en alguna escuela o instituto me resultaban más atractivas en estos momentos que ir a hacer algún trekking. Me sentía confusa, y al mismo tiempo sorprendida con el cambio que estaba experimentando.





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