2019(e)ko urtarrilaren 5(a), larunbata

Conviviendo con una familia laosiana


Llegué a Banna tras 40 minutos y me alojé en la guesthouse que me había recomendado una chica catalana.


Los niñ@s del pueblo jugaban y aproveché para sacarles alguna foto y vídeo.




Andaba sacando fotos, cuando varios hombres se pusieron a matar a un cerdo  justo al lado nuestro. Debí poner cara de sufrimiento porque una niña me cogió del brazo y me llevó más lejos. Pronto me daría cuenta de la relación tan diferente que tienen en estos lugares con los animales. De hecho, es mucho mejor que la que tenemos nosotros ya que los animales viven en libertad hasta que deciden matarlos.  Además, solo consumen carne en ocasiones especiales. 
Después de visitar un poco Banna, me dirigí al pueblito Huay Sen. El poblado se encuentra a unos 30 minutos de Banna. Está muy concentrado y me gustó mucho. Comi un curry de verduras con sticky rice buenísimo.
Decidí hacer otra noche en Banna para seguir explorando los pueblitos de los alrededores.
La noche anterior un hombre del pueblo me había invitado a cenar a su casa. Acepté la invitación pero cuando salí era ya de noche y no conseguí dar con ella.
A la mañana siguiente coincidí con él y le pedí disculpas por no haber podido ir a su casa. Me comentó que iba a coger bambú a su campo de arroz y me ofreció el poder acompañarle. Su mujer y su hija pequeña también vinieron. No lo dudé ni un segundo y nos pusimos en camino. Tuvimos que cruzar unas 5 veces el río.


Con el bambú recogido Kong arregló parte del porche de su casa.


A la vuelta, Kong, me invito a dormir en su casa. Le dije que esa noche ya no podía porque había dicho en la guesthouse que prolongaba mi estancia pero que al día siguiente no tendría problema en hacerlo.

La casa de Kong con su hija mediana Mali en el porche.

Y es así como pasé 4 días con esta familia laosiana. Gracias a ella pude aprender muchas cosas sobre el día a día de una familia que vive en el medio rural. La naturaleza es su hogar, se bañan en el río, comen hojas, flores,  bambú, recogen plantas que luego usan con fines medicinales... En fin, una relación que nosotr@s perdimos hace tiempo ya.

Kong, Jamla, Henkou y Kong. Falta Mali

Saqué esta foto a la mañana y Mali no había vuelto a casa aún. Duerme todos los días en casa de sus abuelos. Su padre me dijo que Mali les dijo que seguiría haciéndolo así hasta que sus padres construyeran una casa sólida. Y es que en el invierno solamente el padre duerme en la casa de bambú. El resto de la familia busca refugio ante el viento y la lluvia en otras casas más seguras. Kong levantó los cimientos de lo que sería su nueva casa hace 5 años. De momento la cosa está parada a la espera de conseguir dinero. Y es que en pueblitos como éste todo el mundo tiene su campo de arroz, quien más o quien menos sus animales (cerdos, gallinas...), sus huertas y el supermercado de la jungla. Pero los ingresos económicos escasean. El arroz es la base de la alimentación de todas las familias, solamente se vende si ha habido excedente.


Y l@s niñ@s ayudan con las tareas de la casa y en todo lo que pueden. Como Donpuan y Dao que acompañaron a su madre y a la vecina a recoger bambú.


Les ayudé un poco y al llegar al pueblo me invitaron a comer en su casa. Menú: arroz y sopa de bambú. ¿Os he comentado que me encanta el bambú??


Familia muy humilde pero super generosa.

Y os preguntaréis, ¿cómo pasó esta mujer el fin de año? Los laosianos también celebraron el cambio de año, de hecho lo celebraron varios días por delante y hasta 3 días después. Su celebración no difiere mucho de la nuestra; matar un montón de animales y ponerse morados de comer y beber, por estas tierras, cerveza Lao y Lao Lao, un whisky asqueroso.


Así celebré el final de año hasta que un borrachuzo se me puso a cantar al oído y decidí que ya era hora de retirarme a mis aposentos.

Al día siguiente fui con Kong a Banpun, un pueblito a 3 horas de caminata de Banna. Me gustó mucho y la gente me pareció más sonriente y abierta que en Banna.


Las mujeres recogen estas flores para luego venderlas



La cena fue muy especial. Kong reunió a su familia y también vinieron sus vecinos. Antes de cenar, el padre de Kong comenzó a recitar una especie de canto mientras cada persona me iba colocando una pulsera. ¡Se me quedaron las dos muñecas llenas de pulseras blancas! Se trata de una tradición laosiana, una especie de ritual, para desearle buena suerte a la persona que parte, en este caso a mí. Me hicieron juntar las manos y me fueron colocando comida. Fue un momento muy especial para mí y me sentí muy agradecida.

Al día siguiente, me despedí de la familia. Las últimas palabras de Kong se me quedaron grabadas de manera negativa "if you see a friend in Muang Gnoi, tell him to come to my house" (si ves a algún amigo en Muang Gnoi, dile que venga a mi casa). Pero bueno, es lo normal. No soy la primera turista que Kong invita a su casa y tampoco seré la última. Es obvio que detrás hay un interés económico. Y es por ello que se me quitó enseguida esa mala sensación y me quedé con todo lo que había aprendido y compartido con Kong y su familia.

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